jueves

El Rey de la Cumbia

Atentos señores. En la radio hablan las locutoras trolas de la F.M. Tropical. El rey de la cumbia se echa Axe (el desodorante de los bailanteros) en los sobacos, el pelo, el pecho y las bolas. Se pone su camisa blanca con flores en los bolsillos. Su pantalón rica lewis y sus zapatojos del Once. ¡Señores! Ya está por salir al ring de la vida el rey de la cumbia. Baja las escaleras de su casa, se dirige a la parada del bondi. Se sienta en cualquier asiento. 23 hs. Mírenlo como baja del 168 y se dirige por la calle Salta hasta el pasaje O’Brian. No se detiene ni sonríe. No ve ni escucha a los zanganos vendedores, las putas lo perifonean, los sauneros lo agarran del brazo en vano. No hay criatura de la noche que lo detenga. ¡Va al Bronco sin parar! ¡Oh Barrio de la Sagrada Constitución qué dichoso sos, en tus venas va el anónimo e invisible rey de tus calles y de tus galpones musicales!... ¿No lo oyes respirar, echar montañadas de humo? ¿No sientes sus pasos de lata haciendo a un lado borrachos en el piso?
¡Damas Gratis, Eh, Guacha!, Pibes Chorros, Medialuna, Amarazul, karicia, Débora: Bostas! ¡Basura! Este es el rey de la cumbia y no canta. Baila, baila, paga su entrada, luces, ruidos, peleas, música stereo saliendo de los autos. Caquis (policías borrachos) arrean chicas bailanteras para culiculearlas. Y ahí voy yo, adentro de él, dispuesto a todo.. ¡El Rey paga su entrada de cinco guaracos y una consumisión gratis. ¡Gratis no hay nada y menos en el mundo de la cumbia...!
¡Qué lindo olor a Axe hay en la calle! Entro, ¡al fin libre de verdad y completamente!, me pierdo en el muchedumbraje de culos saltando y chorros de cerveza que caen al piso, clua, cluac... ¡Horriblemente hermoso el Bronco esta noche!... Qué feliz soy, porque encontraré a mi amada, a mi novia paraguaya, como a mí me gusta, y que solo hallo entre los cumbianteros del Paraguay. Oh, dondé estás mi amada de esta noche, agitadora de caderas, donde está tu culo portentoso chocando con otro gigantesco al son viroso de la cumbia, dónde están tus pechos apretados por la camisa de un machote. ¡Oh, reina de Constitución, ya voy a tu encuentro, acalorado y borracho y la pinga al palo!... Ay, qué necesidad inaplazable, incorregible, inevitable de mover todo, de entristecerse también por las letras de la cumbia villera, que retratan nuestra vida, que son gota de sangre de nuestras vivencias y sensaciones... Dale, dale, a agitar, a mover todo, sígueme con este pasito, y ahora con esta vueltita rey de la cumbia, y ahora con este meneo lubricador hasta tener las rodillas en el piso y mirarte las bolas desde abajo, qué perspectiva maravillosa, qué visión insustanciable, qué fenómeno paranormal por suerte. Y ahora subo rey total, agarrándome de tus rodillas como una comadreja, podría morderte los huevos a esta altura (¡y te los muerdo!)... Se me rompe el esqueleto si ponen otra mas, si hay otra mas suelto el alma por la boca como un gran vómito, me lleno de transpiración y te miro a los ojos, fijamente. Solté todos mis diablos y a mis temores los tiré al piso como un vasito de cerveza. ¡No mariconiemos mas y vamos directo a culear!
Buenitas noches, tucanes, alacranes, arroyos, yaguaretés, jacarandases,cascadas, potrillos colorados, buenazas noches Condorinas con olor a porro, llenas de vicios, de besos artificiales de lápices labiales y boquitas de pingas abiertas como peces. Otro viernes mas venimos a hacer la única revolución posible: la de bailar la cumbia y levantarse una buena perra paraguaya. Estoy repegado a esta morochita que ni sé su nombre. ¡Que importancia tiene! Mitakuñaí llevame al fondo de tu ser. Mi tavyrón se pone duro y quiere romper la bragueta. Mi esposa, mi hijo, mi padre, mi jefe, mis hermanos, mi madre, vienen y quieren arrancarme de los brazos de ella, cuerachona, pero yo me agarro con todo y comienzo a dar vueltitas, a soplar huracancitos que los alejan de mí. ¡Dejenme tranquilo joderme la vida en paz! La vida es para jodérsela, para apestársela bien apestada, los pulmones son para llenarlos de cerveza y el corazón está para llenarlo de rimel... ¡Kirito, Kirito, ven a mí!... ¡Matecopio Bronco viejo y querido nomás!...
Buenas noches pantaloncitos ajustados, tanguitas con olor a bosta de un lado y a concha del otro ¡vivan, poraitepé! Abiertas, supersónicas, reculan las conchitas debajo del bozalcito de lycra de las tangas. Culos hediondos de negras: ¡Presente, Presente, acá estoy! Voy yendo a la barrita donde están acodadas las guainas mas lindas de la vida. ¡Un super litro de Condorina helada, mi preferida porfa!... Flash, flash, una fotosky-katú con Condorina en mano que soy un rey, un hombre, un héroe. ¡Hirachuore! Miro pasar perras, crespitas divinas y pasar tilinguitas que están pa hacerlas sonar y pasar, morochazas del incomensurable y caluroso norte argentino y pasar culos grandes, avasalladores, imponiendo respeto ante otros culos flaquitos de machos o de flacas tirifilas, que también las hay, pasito a pasito, tetas redondas y altas, olores de todos los sabores, sabores a catinga de todos los olores.¡lengua roja lamiendo los sobacos! ¡Llegó el rey de la cumbia!
¡Qué travesia llegar a la barra! ¡Jelou, barrita de las birritas de los bardos bailantiles! Apretujones, el destino me pone delante una guanita culona, la guío con el asta de carne a los empujoncitos, ella salta cada que la apoyo.¡Pará guaino, andás volcando leche!, me dice y me empuja. Sigo. Por acá si, por acá no, no no mejor para allá que hay menos hombres. Los guainos aprovechan y me la tocan, me la apoyan, me la sobaquean toda perdidita pa siempre, manchita negra, en el horizonte tropical de la bailanta. Hago lo mismo con otras... En el escenario baila la Sirenita. Ay, Virgencita del VAlle del Salí, en un sucuncito te explico quien es la Sirenita, a vos te va a encantar, inexplicable con palabras, un bombón de otro mundo, ¡sí, sí, sí! del mismísimo país loco y enamorador del Paraguay, porque la guiana es... ¡paraguaya de 17 añitos, baila como nadie! Dejame tomar, no te me enloquezcas como mi corazón. Se te derriten los ojos, tortillera, calentona, secate las babas. La bailarina oficial del Bronco es capaz de todo con el cuerpo. Seamos felices así, Virgencita del Salí, viéndola zarandear todo al ritmo embriagador de la cumbia, olvidemos que somos viejos aunque tengamos veinte años; olvidemos que hace siglos perdimos las esperanzas aunque ahora aparezca esta ráfaga de carne esperanzadora. ¡Olvidemonos de todo, Virgencita pecadora, y matémonos en sus ojos, giremos en el ritmo de las caderas de esta belleza paraguaya del otro mundo que se llama República Septrentional del Paraguay!... Atontado, perro mojado por un chaparrón de madrugada. Ay, Virgencita, ni vos que estás muerta ni yo que estoy vivo vamos a tocarla.
La Virgencita desapareció y, zas zas, alguien me agarra el brazo y me arrastra. Y yo: no, no, mi amor... no te me vayás Sirenita del alma, aguantá acá. ¡Vega, Veguita! me dice una mano negra, alacranada, que me da vueltas meta girar con dos negrazas terribles, muy feas, pero con unos cuerpos importantes. ¡Ingueroviable! ¡Ingueroviable! (¡Increíble!), grita el morocho que se me vino encima a todo tote como un mionca con el embriague cortado. ¡Vos sos el hijo del viejo Vega! ¡la pucha che, que te estiraste como junco! Cuando te conocí andabas soltando los mocos, guacho, allá por Fiorito enchufándole vasos a la gilada. Me decía y me abrazaba y besaba, contento de verme, y yo mirando pa trás por si veía a mi guainita del sábado pasado, aquella que me juró amor eterno, y me prometío por todos los santos del Paraguay que me iba a esperar sin mirar a nadie calladita al lado de la barra. Lo hizo besándose los dedos mil veces y hasta me hizo el “piedra papel y tijera, te espero hasta que vengas”. Shera’ato, cómo avanza el mundo che, otro pasito mas hacia la destrucción total, ¡a la marolia! veo a la juradora católica entre la negrada meta carraspear con otro a unos metros nomas. ¡Que poco dura el amor, che!...
¿Y en qué anda tu viejo? No se lo vio mas vendiendo por el Camino Negro, che, se lo a’comío la tierra... Yo: no, no, sí, sigue... ¡Mirá donde te vengo a encontrar!, lo que es el destino, qué haces entre la paraguayada, negrito atorrantón... Yo: Diviertiendome un poco. (Ahora lo calo al morocho: es busca como mi viejo, ex colectivero del amarillito 188, nos llevaba gratis y mi viejo le regalaba un par de medias o una musculocita pa los críos. ¡Está igual, che, pero debe tener como 60 años! ¡Es de roble el paragua!).
El amigo encontrado de mi padre estaba meta bailar con una compatriota de 50 pirulos largos, cuerachona, morocha-tetas-grandes y culo-de-porla-sin-mezclar. Todavía tenía las ancas fuertes, se notaba por el vestido ceñido al cuerpo. Pienso la pija que hay que tener pa entrarle a una de estas. ¡Ea!, ¡qué hay acá tan fiera como su madre! Con mucho lomo, gran cabellera y ojos negros, la hija de unos 17 años. La marco con mucho amor y ya la agarro de la manito y nos ponemos a girar lindo. ¿Paraguayita?, le pregunto cuando logro llevarla a un costado. Sí, a mucha honra. Ay -le miento- si volviera a nacer sería paraguayo. ¡Ñembuepoti! tiré mi golpe maestro y la pendeja cayó. Una felicidad me invade, el amigote de mi tata, no deja de traer cervezuchas. ¡Entrele, entrele, guacho nomas! El morochote gigantón agarra de la cintura a la madre y la hace dar vueltas y grita para el escenario. ¡Música que hay un Vega!... Yo, timido, chis,chis, no levantés la perdiz. Mi paraguayita se mata de la risa y me abraza tierna... Al rato nos vamos y nos sentamos en una mesa blanca de plástico. Mas cervas. Y yo: pago yo compadre, paremos un poco. Y él me pega un coscorrón que suelta al piso un chapuzón de medio vaso de cerva y me dice. ¿Como vas a pagar vos guacho, me querés insultar? Andá aprendé a limpiate los mocos... Ay, que feliz me siento entre tanta hospitalidad, en esa mesa casi familiar rodeado de gente de corazón de oro, gente sin interés mas que el de vivir y disfrutar con los amigos; ay pai, qué felicidad estar en medio de la morochada espléndida de dientes blancos y pelos de púas. Ay, la sagrada morochosidad del mundo, viva, viva, aguante las mezclas los mestizajes los criollismos, viva el indio con el español o el tano o el turco o el árabe o el polaco, de ahí viene la cumbia, qué picazón deleitoso tenerla instalada como otitis en los tímpanos! No parés nunca cumbia. Que el mundo paré, sí. Que los yanquis hagan bosta todo, Irak, Cuba, Venezuela, el Mar Rojo, que se llenen el culo de petroleo, me importa un güevo todo con tal de que la cumbia no pare nunca... ¡Y este paraguayo como me hace acordar a mi padre, tan generoso, tan vivo, tan sonriente! Shera’ato, contame mas de tu tata, dame el tubo o una calle que lo voy a ver. No me atrevo a decirle que se murió y le digo “se mudó pal lado de Chacarita”. Me voy pa otro lado y le adulo la hembra. Ya estoy agarradito de las manos con mi mitakuñaí. La madre aprueba musitando palabritas en el oído del aire. Así, meta trago y trago y unas bailaditas mas con la gurisa para tantear el terreno y ella que me deja, que va al frente. Volvemos a la mesa y el amigo se levanta y dice. Nos vamos guacho, te dejo mi telefono y mi calle, cuando te quieras pasar tenís las puertas abiertas y decile a tu viejo que me llame. Sí, sí ya te llama en esta semana sin falta, y se van. Yo no la quería largar por nada a mi paraguayita, alargaba los saludos. No hubo caso, ¡qué separación mas dolorosa! La paraguayita me mira pícara y me dice al oído “no dejes de llamarme”.
El papelito dice: “Rosalino Riquelme, Patricias Argentinas 1540, Barracas. Chau señora. Portate bien guacho, ¡mirá donde te vengo a encontrar! YO donde te vengo a encontrar a vos, paraguayo eímierda, y encima de cuidador de la conchita cerradita que me gusta, roto, puerco, descosido, ojalá te destripe un auto o te pise un tren.
Cerró la noche y me quedé solo. Otra vez, arrechado, paticojo, tronchado, besuqueado sin ponerla como un vaso de cervas manchado de rouge. Ya todas las guanitas estan con machos. Doy unas vueltas a ver si pesco unita. Imposible, lo mejor es salir. Salgo. ¡Adios Bronco, se va el Rey de la Cumbia, adios caballitos multicolores, hasta el viernes que viene! No me relinchen así, che, no le hagan trampa a mi corazón.
¡Son las seis de la mañana, coño! Y me acuerdo que tengo que volver al supermercado. Ojalá el lastre de Domingo Gonzales, el gordo alcachuete, me haya marcado tarjeta. Como tantas veces hice yo con él. Maldición, la putrefacta góndola está esperandome, enquilombada reluce bajo las luces y espera a que un negro venga a meterle manos. ¡Cómo la dejaron anoche, qué plaga es la raza humana! Corro todo transpirado a la parada del bondi y me tomo el 102. Cierro los ojos y pienso en la paraguayita pupila del amigo guaraní de mi padre, parece mentira, hasta después de muerto, me llegan sus herencias. Puteo para adentro al colectivero que va durmiendo, tranqui, a las seis de la mañana, dale gallina clueca, mete un cambio, raúl alfonsin, jugate una vez siquiera... 6:45 de la matina, bajo corriendo por Figueroa Alcorta y llego al Carrefour donde trabajo. Los vigiladores me abren la puerta y me dicen. ¡Epa, guey, de dónde venís con esa traza? Del baile, manes, les digo y me sonrio. Me meto al vestuario y me pongo rápido el uniforme blanco y la pechera verde del sector verdulería. ¡Cómo el rey de la cumbia termina de repositor de verduleria de Carrefour! Así está el mundo, viejo. Corro por un pasadizo y desde el salón me gritan todos a la vez, Soruco, El Pato, El gordo Domingo y Frascarelli. –Dale, sarna, movete que no llegamos pa la apertura. –Ya voy, che, no se pasen de la raya que soy Tom Sawyer.
Bajo a los tropezones con los timbos reglamentarios desatados y llegando al salón me resbalo y casi me pego un porrazo contra la gondola de papas. Todos se ríen. Me paro, comienzo a armar la góndola. Jaulas y jaulas de remolacha, lechugas, rabanitos, apios, verdeos... ¡Ay, el maldito supermercado del cual no saldré nunca si no me gano la quiniela! Y qué tal ascender, ¿ascender? Yo nunca podré ascender ni un piso por escalera. Pienso en mi amor del Bronco. Todavía tengo olor a Axe. Me acuerdo de las iamgenes del baile y armo, armo. Siempre la vida en constante movimiento siempre corriendo en todo, lo que no me permite pensar. Si no pienso, soy feliz. De pronto, cae un morrón podrido en mi góndola.
Risas, me doy vuelta y Domingo me dice, larva, mezclá bien los colores, o querés que nos caguen a pedos. Tiene razón, el verde de las lechugas habría que cortarlo con el rojo de los repollos o los zapallitos. ¡Ese es el unico secreto del super! De repente, me acuerdo de la tarjeta. Loco, me doy vuelta, che, me marcaron tarjeta? Yo, no. Y yo tampoco, y yo menos que menos, Chavito. todos se hacían los boludos. Subí corriedo como un loco al fichero y sí, estaba marcada. ¡Que pelotudos!, digo y respiro aliviado. Bajo las escaleras y encuentro a Pato peleando con una zorra y un gran palet de papas que va al salón. Eeehh, negro, no llevés tantas papas, no van a entrar. Ayudame a bajarlas, dale. Uy, man, no termino mas, dale, apurate, le ayudo a bajar las bolsas sobre otras de ancos. De pronto, escucho ritos fuertes, feos. ¡Vega, Vega! Es Carlitos Nuñez, el jefe, ya me la veo venir. Mi góndola esta desastrosa. ¡Vega te lo dije mil veces, sos pelotudo vos, cuantos premios te tengo que quitar para que aprendas a laburar! Me recaliento, pierdo la cabeza y me le abalanzo para pegarle. ¡me quedé dormido, la concha de tu hermana, nunca te dormiste vos!... Nuñez arruga se da vuelta y sale caminando para el salón. ¡No aprendés mas negro de mierda, te juro que te suspendo un mes! Patito se ríe, dejalo es pura chispa, siempre dice que te echa y no hace un carajo, tiene miedo que tenga que laburar él.
Con la lengua afuera, llegamos a las 8:55 a la apertura del supermercado.
“Muy buenas dias clientes, se hace la apertura del hipermercado”.
Las balanceras ocupan sus puestos todas perfumaditas. A mí me enloquece Miriam.

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