Para paliar el hastío que me producía Ciencias Económicas empecé a ir a un taller literario. Entre otras cosas, iba a conocer en ese taller a Delfina Muschietti quien, entre otras cosas, me convenció de que abandonara esa carrera insípida. Ya leía mucha (demasiada) poesía.
Recupero plumas cenicientas, incendiadas
por mis huesos afiebrados.
Y recupero la agonía de los campos muertos
en el amoroso vuelo de las moscas.
Una invasión de cuervos me sorprende
desnudo.
El choque de los soles me despierta.
Hay nubes de sal reivindicando mi torpe
anatomía.
Hay líquenes y alquimias y aserrines.
La luz abre aljibes en mis manos.
El eco sordo de un latido de bronce
se acelera.
El abismo huele a pinos y resinas
calcificadas.
La blanca pupila de la noche se dilata
de asombro; vuelan pájaros de esperma.
El silencio se quiebra: estoy vivo.
Pero tu rostro se adelanta
He tratado de soñar garzas ligeras,
cuartos sin tu olor de vientre evaporado,
una luz de cocina tomada por asalto,
cierta textura en los dinteles.
Me he inclinado ante el copón del rito
con avidez sonámbula.
He querido que el fuego me trajera
el sonido de un muerto hecho pedazos
de luna, de plata, de viento.
He bebido la inconsistente plegaria de los pájaros.
He desordenado los pozos azules
de la soledad y el miedo.
Pero tu rostro se adelanta.
Últimos poemas
En 1983, gracias a Enrique Pezzoni, yo ya escribía sobre libros en varias publicaciones. Beatriz Sarlo me recomendó a Daniel Divinsky, quien buscaba un empleado "de mis características" para Ediciones de la Flor. Empezaba una época. El mismo Divinsky llevaba a radio Belgrano a Jorge Dorio y Martín Caparrós, que hicieron "Sueños de una noche de Belgrano", mucho tiempo antes de Babel. Uno de los primeros libros que vi llegar de la imprenta a Ediciones de la Flor fue Arturo y yo de Arturo Carrera. Leí ese libro y me pareció que ya no tenía sentido seguir escribiendo. Arturito después me regaló todos sus libros anteriores y la plaquette que había hecho la revista Xul con "Un día en la esperanza", uno de los poemas más hermosos que yo recuerde haber leído. Dejé de escribir porque ese poema ya habían sido escrito. Éstos son los textos que escribía por esa época.
"no exactamente qué, sino cómo":
la necesidad del relato, la
fábula sin referente.
El empeño del chisme.
Metástasis del sueño y textos
que te suenan en las rodillas,
los ojos, los bolsillos.
- Armar el escándalo
- Y que otro lo use…
Y desenlace:
14 horas y olores y pequeñas ganas
de quedarse, parado en una esquina,
bajo el sol (pero en la sombra),
como a la espera, tal vez,
de un colectivo verde y blanco.
Buenos Aires, 1.82
- Hay algo acá:
redondo, duro, canceroso.
- ¿Rueda?
- A veces camina, sube,
asoma desde el miedo,
retrocede.
- ¿Metatextual?
- Exactamente.
Buenos Aires, 2.82
Azul
de nuevo azul
- El bar, claro:
"los tres años de Allende/ mi madre
se volvió a casar/ me convertía
en un criminal/ yo luché
siete años"
Azul, decía. Una conversación azul
y otros murmullos:
¿alrededor?
- No nene. El ruido
la voz
el pájaro de nuevo:
vos mismo ("tuve una alucinación/
fue con mi padre") cómo decirte
vos vos vos
mismo
el pájaro de nuevo.
Pero es mentira.
Cricket sí pero no tengo cigarrillos.
Mirame azul:
mi mano azul. El humo azul. Un hueco azul.
- Te ví entre las luces: vos/z
de nuevo el ruido (click clack) y la conversación.
Buah. "Vamos a caminar".
Vamos al cine.
10.6.83

